viernes, 10 de julio de 2015

El Príncipe





Esta obra escrita en 1513, por Nicolás Maquiavelo, está estructurada en XXVI capítulos en los que narra las vivencias y experiencias producto de su observación en Florencia, Italia, cuando ocupó altos cargos de gobierno, de las cuales extrajo una serie de reflexiones a raíz de las revueltas y conspiraciones frecuentes, y las actuaciones y decisiones tomadas por los gobernantes para mantenerse y conquistar nuevos espacios de poder.

Nicolás Maquiavelo escribe su obra dedicada al nuevo Príncipe de Florencia,  Lorenzo de Médicis, hijo de Pedro de Médicis, para congraciarse con él y volver a ocupar un cargo de gobierno en esa ciudad. De allí la claridad de su narrativa en la que recoge la definición de principado, clases y modos de adquirirlos; cómo deben gobernarse y conducirse; de qué forma huir de los aduladores; como mantenerse en el poder; la manera de conquistar otros espacios; en fin, aspectos vinculados al arte de gobernar cuya vigencia sorprende luego de transcurridos más de cinco siglos. 

Las reflexiones y recomendaciones con relación a las prácticas del poder y el rol que desempeña quien lo ejerce, el Príncipe, es una constante en la obra, que muestra aspectos relevantes sobre cómo vencer a los enemigos, minimizar las conspiraciones, conquistar nuevos espacios, manipular a los súbditos, mostrar acciones ejemplificantes, ganarse el respeto y el temor del pueblo, con el único propósito de mantener el control y dominio absoluto de quienes conforman el principado.

A lo largo de la historia, la obra de Maquiavelo se ha mantenido vigente, tan es así que hoy en día, en el contexto sociopolítico que vive nuestro país, no podemos leerla sin vincularla directamente a las prácticas de nuestros gobernantes en los últimos 16 años, cuyas acciones han estado orientadas a satisfacer sus ambiciones de perpetuarse en el poder, manipulando  al pueblo, haciéndolo cada vez más dependiente de las dádivas del gobernante, hasta doblegar su voluntad. En ese sentido, a continuación citaremos algunos fragmentos que nos llamaron la atención y sirven para ilustrar lo que referimos: 

“El principado surge gracias al pueblo o a los grandes…El que llega con la ayuda de los grandes se mantiene con más dificultad que el que llega con ayuda del pueblo; porque se encuentra rodeado de muchos que se tienen por igual que él, y por eso no puede mandarlos ni manejarlos a su manera”.

“Un príncipe prudente debe imaginar un modo por el cual sus ciudadanos, siempre y en cualquier circunstancia, tengan necesidad del Estado y de él, así siempre le serán fieles”.

“Lo peor que puede esperar un príncipe del pueblo que no lo ama es ser abandonado por él; pero si les son contrarios los grandes, no sólo debe temer verse abandonado, sino también verse destruido por ellos; porque teniendo tales hombres más previsión y astucia, avanzan siempre a tiempo para salvarse, y buscan dignidades al lado de aquel que esperan que venza”.

“Uno que se convierta en príncipe mediante el favor del pueblo debe conservarlo como aliado: lo cual le es fácil, porque el pueblo le pide no ser oprimido”.

Observamos en nuestra lectura que de alguna manera esta obra justifica cualquier acto de gobierno dejando a un lado valores éticos y morales dado que lo que importa es conservar el poder a como dé lugar… “el hombre que quiera conducirse  siempre será la víctima de tantos otros que son malos”.

“Nunca debe dejarse empeorar un mal por temor a guerra, pues al cabo ésta no se evita y solamente se dilata en daño propio. El príncipe que labra el engrandecimiento de otro, labra su propia ruina. No es aconsejable la alianza con otro más poderoso para atacar a un tercero, porque después de la victoria se queda a su merced”.

El gobernante “nunca debe mostrar debilidad porque eso socava el poder”, tampoco debe mostrar el poder a otro más fuerte, porque eso acaba con el poder.

“Ser astuto como un zorro y fuerte como un león” es otra de las recomendaciones que hace Maquiavelo a quien quiera tener el poder. Esto aplica no sólo a los gobernantes, sino también a los líderes de las organizaciones que en definitiva también se manejan en el ámbito político.
Precisamente el capítulo IX, referido al principado civil, ofrece luces sobre lo que pudiera compararse hoy a la luz de la realidad política actual de Venezuela. En este punto, Maquiavelo hace énfasis en el poder que se sustenta en los ciudadanos, y que requiere de cierta astucia para manejar, por una parte al pueblo; y por la otra, a los poderosos.

En ese orden, cuando el poder se obtiene del pueblo, hay mayores garantías porque éste lo único que pide es ser protegido y no oprimido, mientras que en el caso de los poderosos, éste resulta mucho más difícil de mantener pues siempre intentan ser competencia del Príncipe, entiéndase mandatario o Presidente.

Para satisfacerlos, deberá oprimir a todo el pueblo, con lo que se ganará la enemistad de éste y acabará perdiendo el poder (caso CAP II); pero si logra ganar la amistad del pueblo siendo su protector y haciéndole favores, podrá mantenerse. 

Si se obtiene el poder con el favor popular, se conserva una autoridad indiscutida y sólo hay que ofender a la minoría de los poderosos y quitarles su poder, mientras que el pueblo amará al Gobernante por no ser oprimido. 

Como lo determinante es tener del propio lado al pueblo, en este caso el príncipe tendrá éxito. Pero para ello debe conducirse adecuadamente con los poderosos: si éstos dependen del príncipe, le bastará con beneficiarlos (en la justa medida), pero si se mantienen independientes de él habrá que cuidarse de ellos (salvo que lo hagan por puro temor, en cuyo caso habrá que saber comprarlos y utilizarlos). 

Luego vendrá el momento en que el principado de civil haya de convertirse en absoluto, es decir, el momento en que el príncipe se haga de todo el poder. Éste es el momento más difícil y sólo hay una oportunidad para llevarlo a cabo con éxito. Para eso es importante que el príncipe gobierne directamente, pues si lo hace por intermedio de ciudadanos en función de magistrados éstos fácilmente podrán arrebatarle el poder. Ello puede solucionarse si se garantiza que los ciudadanos sean siempre dependientes del príncipe de modo que le sean fieles. Cuando se observa este ejercicio, a la luz de la realidad venezolana, se observa un seguimiento fiel del lineamiento Maquiavélico, y se constanta a través de una permamencia en el poder de un grupo que, luego de dieciseis años, se mantiene a pesar de los desaciertos.

Maquiavelo y la Gerencia

Ahora bien, en el caso más relacionado con el término moderno de la Gerencia, podría hacerse igualmente las analogías. En ese orden, Maquiavelo expresa que el Príncipe no debe perder de vista que el compromiso fundamental es mantener el orden y la supervivencia, lo cual puede ser aplicado también en la empresa. En ese sentido, el poder se usa como un medio que no tiene límites ni condiciones.

El gerente al igual que el Príncipe, si lo que quiere es tener éxito debe partir del autoconocimiento  y luego aprender a conocer a la gente con la que trabaja. No perderse en la adulancia de quienes se presentan como amigos y lo que quieren es mantenerse en el cargo y obtener el reconocimiento y los beneficios del gerente.

“La bondad y el amor por sí solos no doblegan al hombre. Incluso, el temor es más confiable: siempre que esto no se vuelva en odio, que destruye el mínimo de respeto que los súbditos deben conservar para aquellos que los gobiernan. Por eso decía que en los casos límite ser temido siempre es mejor que ser amado”. En estos tiempos en que se habla de un liderazgo transformacional consideramos que este planteamiento se aleja de la gerencia moderna y del rol del gerente”.

No obstante, hay ciertos principios que aplican porque, inclusive en entornos que piden más cercanía del líder con sus subordinados (el pueblo), ciertas dosis de temor pueden estar expresadas en la posibilidad de que los subordinados puedan  perder algunos beneficios o protecciones representadas por algunas acciones del gerente.

Lo cierto en todo caso, es que en las organizaciones, tengan éstas las dimensiones que tengan, el factor humano, con su compendio de miserias, y en la dinámica del juego del y por el poder, no escapa ni se alejan las recomendaciones que hacía hace mas de cinco siglos el “asesor” al Príncipe Médicis, porque al fin de cuentas, el juego del poder está siempre presente con sus reglas o quizá, con la falta de éstas.

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